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| Marciano Sánchez Bayle en la Facultad de Medicina de la Miguel Hernández |
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Ha venido a Alicante para hablar sobre las nuevas fórmulas de gestión sanitaria,
¿Son un avance o un retroceso?
No son tan nuevas, pues se trata de experimentos que llevan tiempo en EE UU y que encubren una privatización de los servicios sanitarios públicos. Trocean el sistema en microempresas y se busca que tengan una rentabilidad económica.
Entonces, ¿son negativas?
El marketing de estas iniciativas se basa en que prevén mejorar la adecuación de los recursos y establecer sistemas de colaboración entre lo público y privado. Sin embargo, la realidad cruda es que estas fórmulas empresariales sólo persiguen una rentabilidad.
¿Cómo la logran Los hospitales de gestión privada?
Intentan atender los problemas rentables - como pueden ser los de los jóvenes con muchas garantías de curación - y desatender a los demás - a los casos complicados o crónicos - . Es una paradoja, porque desasisten a las personas que más necesitan la atención sanitaria. Mientras, los públicos se tienen que especializar en lo que les causa pérdidas. El envejecimiento de la población aumenta las necesidades asistenciales porque hay más enfermos crónicos... El porcentaje de mayores crece y tiene un impacto sobre el gasto sanitario, pero el mayor impacto se produce por la sobreutilización tecnológica. Se incorporan nuevas técnicas que, en muchos casos, no son mejores que las que había y se hacen varias cuando con una sobraría.
¿La sanidad pública pasa por un buen momento?
Esta acechada por muchísimos peligros. Hay tensiones privatizadoras para convertir aspectos fundamentales como el derecho a la salud en una mercancía. La Comunidad Valenciana está recibiendo muchas agresiones, con una descapitalización del sistema público y un favorecimiento de lo privado.
¿Qué consecuencias puede tener en un futuro?
El sistema actual tiene la ventaja de que las personas jóvenes y con dinero hacen un esfuerzo solidario en favor de las mayores y con menos recursos. Un sistema privatizado expulsa del sistema a la gente sin recursos. Tanto tienes, tanto vives... Eso es. En EE UU, por ejemplo, hay muchas personas que no tienen acceso a la sanidad.
¿Qué habría que corregir para evitar llegar a ese extremo?
Se debería dejar de privatizar el sistema y reforzar la gestión pública, la utilización de recursos, la coordinación entre Atención Primaria y Especializada, aumentar el número de camas y mejorar las listas de espera, porque hay algunas intolerables.
¿Cómo se podría paliar el problema de las listas de espera?
Son más elevadas de lo razonable. Habría que hacer un estudio por especialidades para ver los puntos débiles, pero lo prioritario es aumentar la resolución desde la Primaria. Hay muchas diferencias de unas comunidades a otras, porque hay sitios donde no se quiere que funcione el sistema público, para favorecer al sector privado. Cuando algo no funciona bien, los dirigentes suelen achacarlo a la falta de especialistas,
¿El problema es tan agudo o es una forma de lavarse las manos?
No se sabe los médicos que necesita un país, no hay estudios rigurosos. Estamos por encima de la media europea, pero faltan, porque hay un aumento de la población y no se hicieron bien las previsiones. Y los que hay están descontentos... Es bueno que protesten, porque la situación del personal es peor que en el resto de la Unión Europea, lo que fomenta el movimiento de profesionales a otros países.
¿Cuál es el siguiente paso para el progreso de la sanidad pública?
Aumentar la implicación de los profesionales y el ciudadano en la gestión. Que haya vías reales de participación para que las decisiones no sean unilaterales.
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